sábado, 20 de julio de 2019

50º Aniversario del Apolo 11

Nota del Autor (OLL). Hace justo cincuenta años unos seiscientos millones de personas de todo el mundo siguieron en directo las dos horas que duró el primer paseo lunar, durante el cual se colocaron instrumentos, se recogieron veintidós kilos de rocas, se colocó la bandera estadounidense y se fijó una placa metálica… Junto con el viaje de descubrimiento de Cristóbal Colón y la vuelta al mundo de Elcano, aquel primer paseo por la superficie lunar es, con total seguridad y hasta el momento, la mayor gesta de la Humanidad. 
  

Por aquel entonces era muy pequeño, pero recuerdo como esa noche no quería irme a la cama y mi intención era permanecer despierto frente al televisor… Ni que decir tiene que, dada mi extrema juventud, me dormí profundamente a las primeras de cambio y me enfadé mucho, conmigo mismo, cuando desperté a la mañana siguiente y ya todo había sucedido… Estoy convencido que, aunque no consiguiese presenciar en directo aquel momento histórico, seguro que lo viví a mi manera soñando que algún día yo también sería astronauta y que debía de prepárame concienzudamente a la espera de mi oportunidad de viajar a la Luna… o más allá…


Por Ángel Alonso (OLL)

Ya en la superficie lunar, Armstrong y Aldrin fijaron una placa metálica a una pata del módulo de aterrizaje. Aquella placa decía: “Aquí los hombres del planeta Tierra llegaron a la Luna por primera vez en julio de 1969 d. C. Vinimos en son de paz, en nombre de toda la Humanidad”.

viernes, 25 de enero de 2019

De noche en la selva

Nota del Autor (OLL). Hay experiencias y sensaciones en la vida que, sin tener del todo claro el porqué, nos atrapan para siempre y, en un sitio preferente, se quedan guardadas en nuestro armario espiritual. Son recuerdos que nunca nos abandonarán y, de forma recurrente, acudirán a nosotros en aquellos buenos momentos compartidos con amigos, familia, simplemente compañeros de fatiga, o con quien quiera esté dispuesto a compartir con nosotros un agradable rato de placentera conversación.


Resulta curioso, pero a menudo esas prácticas vitales, que dejan tan indeleble huella en el ánimo y en el alma, suelen ser aquellas que nos retrotraen en el tiempo o son vividas en entornos donde una naturaleza salvaje nos muestra los escenarios en los que nuestros antepasados o nuestros ancestros evolutivos, desarrollaron su vida.


Por Ángel Alonso (OLL)

Con el discurrir de la evolución los humanos fuimos optando por desarrollar nuestra actividad con la luz del sol y consagrarnos al descanso durante la noche. Pero quizás hubo que esperar hasta el descubrimiento del fuego para, además, dedicarnos a las reuniones sociales entorno a una hoguera, a la liberación de la imaginación, a la espiritualidad, a la transmisión de la experiencia colectiva, al entretenimiento y, por qué no, también a la magia.

sábado, 16 de junio de 2018

El Tren Lunático

Nota del Autor (OLL). Me consta que no soy el único que quedó fascinado por aquella escena inicial de la maravillosa película de Sydney Pollack, Memorias de África, en la que un pequeño y humeante tren atravesaba la sabana… Con el encanto y la practicidad de aquellos tiempos, el convoy se detenía en medio de la llanura para recoger el marfil que cargaba el personaje interpretado por Robert Redford y cuyo destino era Nairobi.  En ese tren, rodeada de los lujos victorianos de la época que era posible poner a disposición de un pasajero de primera clase, viajaba el personaje de Karem Blixen en su llegada a Kenia para reunirse con su marido y primo, el barón Bror von Blixen. Y fue durante aquella breve parada, en medio de la sabana, cuando la danesa que escribiría bajo el seudónimo de Isak Dinesen tuvo su primer contacto con el que sería su amante, el cazador y piloto estadounidense, Denys Finch-Hatton.

Más tarde Karem Blixen se instalaría en las Tierras Altas, cercanas a Nairobi, donde, con la colaboración de los kikuyu, se dedicaría al cultivo del café en su famosa granja al pie de las colinas de Ngong… Allí también construiría una escuela para los niños de la zona y su célebre vivienda principal, conocida como M’bogani que en suajili significa la mansión de los bosques, en donde, primero junto a su marido y más adelante en compañía de su amante, transcurrirían los mejores años de su vida. Pero esa es otra historia…


Lo que sigue a continuación trata sobre los orígenes y construcción del ferrocarril que consolidaría la colonización y el control del Imperio Británico en la región. Para los que estén interesados y tengan la oportunidad, resulta muy recomendable una visita al Museo del Ferrocarril en Nairobi. Allí, además de poder conocer su historia con mayor profundidad, se pueden ver evocadoras fotografías, observar curiosos objetos e incluso subir a las locomotoras, o entrar en algunos de los vagones que allí se conservan. En definitiva, un viaje a un tiempo único, en un entorno fascinante…


Por Ángel Alonso (OLL)

Todo comenzó a finales del siglo XIX cuando la Gran Bretaña victoriana decidió echar el resto para mantener el control de sus territorios en el África Oriental, norte de Tanganika, actual Kenia, los británicos consideraron prioritario aumentar su presencia en el Lago Victoria y asentar su autoridad en la mayor extensión de territorio posible. Por aquel entonces los belgas ocupaban los actuales Congo, Ruanda y Burundi, mientras que Alemania mantenía su presencia en el territorio del sur de Tanganika, actual Tanzania, y no disimulaba sus intenciones expansionistas hacia norte y oeste.