jueves, 13 de febrero de 2020

Feliz Día Mundial de la Radio


Por Ángel Alonso (OLL)

Reconozco que, sobre todo últimamente, no me estoy prodigando demasiado en el noble oficio de escribir… pero hay una fecha señalada en el calendario a la que me cuesta resistirme. Con el paso del tiempo quizás me esté volviendo un poco moñas, pero lo cierto es que cada 13 de febrero me inundan la nostalgia y los buenos recuerdos.


sábado, 20 de julio de 2019

50º Aniversario del Apolo 11

Nota del Autor (OLL). Hace justo cincuenta años unos seiscientos millones de personas de todo el mundo siguieron en directo las dos horas que duró el primer paseo lunar, durante el cual se colocaron instrumentos, se recogieron veintidós kilos de rocas, se colocó la bandera estadounidense y se fijó una placa metálica… Junto con el viaje de descubrimiento de Cristóbal Colón y la vuelta al mundo de Elcano, aquel primer paseo por la superficie lunar es, con total seguridad y hasta el momento, la mayor gesta de la Humanidad. 
  

Por aquel entonces era muy pequeño, pero recuerdo como esa noche no quería irme a la cama y mi intención era permanecer despierto frente al televisor… Ni que decir tiene que, dada mi extrema juventud, me dormí profundamente a las primeras de cambio y me enfadé mucho, conmigo mismo, cuando desperté a la mañana siguiente y ya todo había sucedido… Estoy convencido que, aunque no consiguiese presenciar en directo aquel momento histórico, seguro que lo viví a mi manera soñando que algún día yo también sería astronauta y que debía de prepárame concienzudamente a la espera de mi oportunidad de viajar a la Luna… o más allá…


Por Ángel Alonso (OLL)

Ya en la superficie lunar, Armstrong y Aldrin fijaron una placa metálica a una pata del módulo de aterrizaje. Aquella placa decía: “Aquí los hombres del planeta Tierra llegaron a la Luna por primera vez en julio de 1969 d. C. Vinimos en son de paz, en nombre de toda la Humanidad”.

viernes, 25 de enero de 2019

De noche en la selva

Nota del Autor (OLL). Hay experiencias y sensaciones en la vida que, sin tener del todo claro el porqué, nos atrapan para siempre y, en un sitio preferente, se quedan guardadas en nuestro armario espiritual. Son recuerdos que nunca nos abandonarán y, de forma recurrente, acudirán a nosotros en aquellos buenos momentos compartidos con amigos, familia, simplemente compañeros de fatiga, o con quien quiera esté dispuesto a compartir con nosotros un agradable rato de placentera conversación.


Resulta curioso, pero a menudo esas prácticas vitales, que dejan tan indeleble huella en el ánimo y en el alma, suelen ser aquellas que nos retrotraen en el tiempo o son vividas en entornos donde una naturaleza salvaje nos muestra los escenarios en los que nuestros antepasados o nuestros ancestros evolutivos, desarrollaron su vida.


Por Ángel Alonso (OLL)

Con el discurrir de la evolución los humanos fuimos optando por desarrollar nuestra actividad con la luz del sol y consagrarnos al descanso durante la noche. Pero quizás hubo que esperar hasta el descubrimiento del fuego para, además, dedicarnos a las reuniones sociales entorno a una hoguera, a la liberación de la imaginación, a la espiritualidad, a la transmisión de la experiencia colectiva, al entretenimiento y, por qué no, también a la magia.