Nota del Autor (OLL). Hace justo
cincuenta años unos seiscientos millones de personas de todo el mundo siguieron
en directo las dos horas que duró el primer paseo lunar, durante el cual se
colocaron instrumentos, se recogieron veintidós kilos de rocas, se colocó la
bandera estadounidense y se fijó una placa metálica… Junto con el viaje de
descubrimiento de Cristóbal Colón y la vuelta al mundo de Elcano, aquel primer
paseo por la superficie lunar es, con total seguridad y hasta el momento, la
mayor gesta de la Humanidad.
Por aquel entonces era muy pequeño, pero
recuerdo como esa noche no quería irme a la cama y mi intención era permanecer
despierto frente al televisor… Ni que decir tiene que, dada mi extrema
juventud, me dormí profundamente a las primeras de cambio y me enfadé mucho,
conmigo mismo, cuando desperté a la mañana siguiente y ya todo había sucedido…
Estoy convencido que, aunque no consiguiese presenciar en directo aquel momento
histórico, seguro que lo viví a mi manera soñando que algún día yo también
sería astronauta y que debía de prepárame concienzudamente a la espera de mi
oportunidad de viajar a la Luna… o más allá…
Por Ángel Alonso (OLL)
Ya en la superficie lunar, Armstrong y
Aldrin fijaron una placa metálica a una pata del módulo de aterrizaje. Aquella
placa decía: “Aquí los hombres del planeta Tierra llegaron a la Luna por
primera vez en julio de 1969 d. C. Vinimos en son de paz, en nombre de toda la
Humanidad”.
El mensaje que figura en la placa que
colocaron los astronautas en la Luna, consiguió emocionar a las gentes de todo
el mundo y, aunque en aquel momento fueron muchos los que no se creyeron que el
hombre hubiese salido al espacio exterior y viajado hasta la Luna, es posible
que aquel primer paseo por el satélite natural de la Tierra marcara el comienzo
de una era en la que el hombre empezó a comprender el universo que le rodea.
Pero este logro para la Humanidad también
pudo haber acabado en tragedia. Para empezar las probabilidades de que la
misión acabase mal, eran superiores a las probabilidades de éxito y el peligro
de no regresar a la Tierra para aquellos tres tripulantes del Apolo 11, era
real.
Es 20 de julio de 1969. Después de viajar
durante cuatro días, recorriendo unos 368.000 kilómetros, el Apolo 11 entra en
órbita alrededor de la Luna. Armstrong y Aldrin se despiden de Collins y suben
al módulo lunar... El Eagle.
Después de separarse, el Eagle desaparece
tras la cara oculta de la Luna, perdiendo toda conexión con la Tierra. 22
minutos más tarde vuelven a recuperar la comunicación e inician el descenso.
En este momento estaban a 15.000 metros
sobre la superficie lunar y a 309 kilómetros de la zona de aterrizaje
seleccionada, bautizada como Mar de la Tranquilidad. Se inicia el descenso y,
cuando el motor llevaba cuatro minutos funcionando y el Eagle se encontraba a
1.828 metros de altura sobre la superficie de la Luna, de repente se
encendieron los pilotos de alarma…
Sólo quedaba una opción: abortar la
misión. Sin embargo, el fallo se atribuye a una sobrecarga en el ordenador y la
operación de alunizaje sigue adelante.
A medida que el módulo seguía
descendiendo, más y más pilotos de alarma se encendían... Y fue en ese momento
cuando un nuevo problema apareció: el descenso había sido más rápido de lo
esperado y el Eagle se había desviado unos seis kilómetros y medio de la zona
prevista para el alunizaje y, en lugar de dirigirse hacia un espacio plano,
iban hacia una zona plagada de cráteres y rocas del tamaño de un automóvil, lo
que podría resultar fatal.
En ese instante Armstrong conectó el
control manual manteniendo el motor a todo gas, consumiendo cuarenta segundos
más de combustible... Pasaron sobre un cráter y luego sobre otro más pequeño...
Aldrin seguía leyendo los datos transmitiendo detalles... Tan sólo les quedaban
noventa segundos de combustible... Si se cortaba de repente el suministro, el
módulo lunar se precipitaría sin más sobre la superficie de la Luna y sufriría
daños irreparables.
Los segundos se iban agotando y nuevos
pilotos de alarma continuaban encendiéndose... Estaban a quince metros de
altura y ya no había suficiente distancia sobre el suelo, como para separarse
del módulo y abortar el alunizaje.
Con increíble sangre fría, Aldrin continuó
leyendo los datos de los instrumentos... Desde la Tierra les llegaban los
segundos restantes de combustible... De pronto la sonda conectada a una de las
patas del módulo de alunizaje tocó el suelo y por fin la nave se posó sobre la
superficie de la Luna.
El módulo había alunizado con tan sólo
dieciséis segundos de combustible disponible y a treinta y ocho metros de un
cráter. Armstrong y Aldrin permanecieron durante seis horas y media completando
las comprobaciones y colocándose los pesados trajes espaciales presurizados y
las mochilas de oxígeno.
Por fin Neil Armstrong se decidió a abrir
la escotilla del módulo lunar y salió al exterior. Poco a poco comenzó a
descender y cuando bajó el último metro desde el peldaño inferior del módulo
lunar y se convirtió en el primer ser humano en poner los pies sobre la Luna.
Eran las once menos cuatro minutos de la
noche en la costa este de los Estados Unidos, tres y cincuenta y seis de la
madrugada en Canarias, una hora más en el resto de España, del 20 de julio de
1969, y Armstrong acababa de protagonizar el comienzo de una nueva era, momento
que decidió convertir en un logro conjunto de la raza humana con su célebre
frase: “Éste es un pequeño paso para el hombre... pero un gran salto para la
Humanidad”.
Después del Apolo 11 hubo seis misiones
más a la Luna. Con la excepción del Apolo 13, en el que una explosión
incapacitó su módulo de servicio y hubo que renunciar al alunizaje, hasta el
Apolo 17 en 1972, el proyecto Apolo fue un gran éxito para la NASA. Pero poco a
poco los excesivos costes, la falta de descubrimientos de relumbrón, la
monotonía en los trabajos de campo, los excesivos riesgos para las
tripulaciones y, en gran medida, la creciente falta de interés por parte de los
ciudadanos estadounidenses, hicieron que el Proyecto Apolo terminase de forma
precipitada antes de lo previsto, ya que las misiones programadas a la Luna
llegaban hasta el Apolo 19.
Si aquella gesta del Apolo 11, cincuenta
años después, es recordada como una hazaña heroica, gloriosa y romántica,
debemos de mirar hacia delante y prepararnos para lo que el futuro nos pueda
deparar. Una nueva época dorada de la exploración en la que queda todo un
Universo por descubrir.
Ángel Alonso
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